Existe actualmente en nuestro medio una tendencia al ahorro, sin olvidar obviamente que esto no significa aminorar la calidad de vida de las personas. El lema pareciera ser el de” ahorrar para mejorar”. Esta frase cobra mucho mayor sentido cuando hablamos de grupos poblacionales vulnerables que no cuentan con los recursos económicos necesarios para el mejoramiento de su calidad de vida. En el caso de los sujetos en situación de discapacidad de nuestras comunidades este es un hecho innegable. Estos individuos carecen de los muchos apoyos necesarios para facilitar su vida. Esto sin embargo no puede ser una excusa para quienes trabajan por el bienestar de estas personas.
Alguien muy sabio dijo hace miles de años que si “Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”. Esto es precisamente lo que debemos hacer quienes trabajamos con personas en situación de discapacidad: si ellos no tienen las posibilidades de acceder a los apoyos necesarios para el mejoramiento de su calidad de vida, seremos nosotros quienes les llevemos los recurso: ¿Cómo puede hacerse esto? La respuesta es muy sencilla: existe un recurso llamado tecnología de bajo costo, que significa la provisión de apoyos materiales para la comunicación, el movimiento, la reducción de malas posturas, entre otros, partiendo de la elaboración casera de los mismos, a partir de recurso de bajo costo, e incluso recursos que se encuentra en la propia casa o en lugares en los que ya no son utilizados y se consideran “basura”. Las tecnologías de bajo costo van de la mano con el ahorro económico y de materiales, aprovechan la cultura del reciclaje y practican la consigna del Mejoramiento de la calidad de vida para todos.
En esta línea precisamente se mueve un espacio de conceptualización del pregrado de Licenciatura en Educación de la Universidad de Antioquia, de la ciudad de Medellín (Antioquia, Colombia), denominado, Nuevas técnicas y tecnologías apropiadas a poblaciones, en el que se trabaja el uso de estas tecnologías de bajo costo. Para esto, se realiza un trabajo práctico de diseño, eligiendo previamente un caso específico, en el que se analiza una necesidad propicia a recibir apoyo y se elabora un material de bajo costo que facilite suplir esta necesidad, mejorando la calidad de vida.
La experiencia que se ha consignado es este Blog responde a uno de estos ejercicios prácticos del espacio en mención, elaborado durante el primer trimestre de 2009 por las estudiantes Natalia Cano y Yira Rivera con una adulto en situación de discapacidad intelectual, el objeto de discusión de este Blog. La historia completa de este caso es contada en el vídeo que se muestra a continuación.
La elaboración de esta tecnología de bajo costo requirió un tiempo mínimo y un gasto realmente bajo, pero se orientó a atender una necesidad que de no considerarse, estaba amenazando la salud física de la protagonista de la historia. Los materiales que se emplearon en dicha adaptación requirió solo de un trozo de madera, espuma, tela, hilo, botones, velcro, tubos, abrazaderas y tornillos. Como se muestra en el vídeo, la adaptación puede retirarse y colocarse en la silla de ruedas cuantas veces sea necesario, o cuantas veces lo desee la persona que se está beneficiando.
Ojalá que esta experiencia logre movilizar las manos y las mentes de muchas de las personas que atienden este tipo de población, permitiendo la creación de una empresa que no va a lucrar econmicamente a quien la emprenda, sino a quién la inspira.
¡Aprovechen esta forma económica y fácil de ayudar a que el otro tenga una mejor calidad de vida!




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